sábado, 31 de octubre de 2015

Reseña: Alsino

Hola a todos mis lectores hoy quiero presentarle una nueva estación del blog que en estos meses ha crecido; gracias a ustedes. A demás de mis escritos estaré añadiendo reseñas de los libros que lea en el transcurso. No aseguro que todas las semanas hayan reseñas nuevas, pero por lo menos una por mes debe haber. Espero que les guste y si quieren hacerme recomendaciones de libros para reseñar me lo pueden dejar saber en los comentarios.
  • Titulo de la obra: Alsino
  • Autor: Pedro Prado (Chileno) 
  • Tapa Dura 
  • Numero de Paginas: 219
  • Editorial: Teresa Martinez
  • Año de Publicación de la obra: 1920 ( Mi edición 1979)
  • Puntuación:  3/5


La reseña que hoy les presento es la de una novela chilena escrita por Pedro Prado y publicada en el 1920 la misma rompió con los esquemas de esa época, convirtiéndose así en una novela vanguardista para la época. Si observamos las novelas de los años anteriores y posteriores, observamos que son basadas en documentos específicos, sus personajes carecen de sensibilidad y el espacio donde se desarrolla la novela carece de creatividad; con Alsino pasa lo contrario.

La historia de Alsino es la siguiente: Alsino es un niño que sueña con volar, un día decide llevar acabo su sueño y trepa a un árbol junto a su hermano, Poli, estando en el árbol Alsino tropieza y logra sujetarse de una rama, luego del susto se van con su abuela. Otro día Alsino vuelve a trepar el árbol, pero esta vez no corre con la misma suerte y cae al suelo, luego de esta quedara con una joroba que con el tiempo descubrirá que son alas. Luego de eso Alsino viajara por las nubes y vera el mundo con otros ojos. Llega un día en el que al chico lo atrapan, pues vivía la vida robando. Al ponerlo prisionero le cortan las puntas de sus alas así impidiéndole escapar. Lo llevan con Don Javier, dueño de una hacienda y padre de Abigaíl. Don Javier lo tendrá prisionero con el único objetivo de exhibirlo. Alsino enfrentará  grandes cambios, luego de ser prisionero.


En lo personal la historia me cautivo y su final ciertamente pone en cierto que es una novela la cual rompe con los esquemas de la época. A pesar que carece un poco de descripciones especificas no te pierdes en la trama si estas al tanto de ella. Los personajes son ricos en descripción y el ambiente no cambia mucho. Es una obra llena de metáforas bien laboradas y de diálogos internos muy interesantes

miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Ahora quien soy?

Me llamo Milagros Estela Manso Rivera viuda de Serrano. Tengo 55 años. Tengo cuatro hijos: Estela, Leonardo, María y Luis. Mis hijos viven lejos. Mi hija Milagros ya no viene a verme y María viene todos los días luego del trabajo. María es secretaria y tiene dos niños, mis nietos, Andrés de 10 años  y Antonio de 8 años. Vivo en la esquina de la calle Miosotis de la urbanización Montier. Mi esposo Ramón murió hace ya tres años de un paro cardíaco.  Recuerda ver las notas
     El mensaje provenía de un televisor que se encontraba en la habitación de Estela, una señora de 55 años. Era martes y el día se pintaba tranquilo. A las 10 de la mañana aún el cielo no guardaba nubes, parecía un inmenso mantel azul. Por otra parte Estela ya había desayunado y se tomaba una tacita de café en su mecedora, mientras recordaba lo grandes que fueron sus días. Allí en su mecedora se transportó a tiempos de antaño y se acarició aquella frágil melena blanca que caía sobre sus hombros, observó sus manos ya arrugadas y sin suavidad alguna, una lagrima rodó por su mejilla y dejo caer la taza, haciéndose añicos en el suelo. <<Vuelve Estela>> se dijo. Cuando salió del recuerdo inmediatamente fue a por un trapo en la cocina para limpiar el líquido derramado y trajo consigo la escoba y el recogedor. <<Que vieja bruta soy. Después de grande me he vuelto torpe. >> levanto los trozos de la taza y luego de limpiar, llevo los restos al zafacón. Volvió al chinero y está vez saco una taza muy antigua que era de la vajilla de su madre. Luego de llenar la taza se paró frente al refrigerador y comenzó a leer unas notitas que había allí. Algunas leían: Tienes 55 años. Tienes 2 nietos que te visitan todos los días. Les das dulce a tus nietos. Los dulces están de tras de ti y están etiquetados.
    Ya era la 1 de la tarde y Estela aún en su camisón de dormir, andaba por el patio. Su lugar era bajo la sombra de un gran flamboyán amarillo que decoraba aquel micro patio. Bajo aquel árbol había un  juego de muebles y una mesita destartalada llena de moho. Sobre la mesita estaba la taza ya vacía y Estela estaba pensativa en el sillón. Otro repentino recuerdo le saltó a la cabeza y esta vez ella se imaginaba vestida de gala en un gran salón de baile junto a grandes figuras del país. Allí se veía ella, con el traje azul que llevaba aquella noche y con el collar de perlas que acostumbraba usar, su cara bien maquillada y su peinado elegante, así se veía ella desde aquel sillón. Una sonrisa le afloro su rostro y recordó la maravillosa sensación que era sentirse admirada por todas las personas cada vez que iba a alguna fiesta o algún lugar. El recuerdo se hacía más lúcido y la música se intensifico, los pies de Estela comenzaron a verse retenidos bajo aquellas chancletas, pero esto no le fue suficiente a las míseras. Estela se desprendió de ellas y ahora, con los pies descalzos, comenzó a interpretar aquella dulce melodía que solo ella escuchaba y que le ardía de ritmo. Danzó entre las ramas y semillas caídas haciéndolas crujir bajo sus pies, dio vueltas por aquella alfombra amarilla, acaricio la suave brisa, sonrió al grandioso público que volando pasaba por allí, evoco a su difunto señor le dio las gracias y este se marchó alegre por volver a danzar con su bella dama. Alegre emprendió el camino hacia la ducha, se despojó de toda tela y aún allí la seguían las notas. Algunas notas leían: En la pluma de la ducha “izquierda-caliente y derecha- fría.” Sobre algunos envases “rojo- champú. Azul- acondicionador. Todos los papelitos estaban dispersos por la casa añadiendo datos o identificando algún objeto.
    Al llegar las 5 de la tarde, el reloj entono la melodía y Estela cerró el libro que andaba leyendo porqué llamaron a la puerta y la abrieron, dos chicos salieron corriendo hacia Estela y un ataque de pánico le llegó. De pronto no sabía dónde estaba y quien era. Que hacían aquellos dos niños allí y porque la abrazaban. Aún no llegaba María y Estela, desprendiéndose de los niños, corrió hasta la cocina a esconderse. Allí se refugió y su adrenalina se despejo, los recuerdos volvieron de inmediato y se sintió estúpida por los actos que había cometido. Fue directamente al baño y se echó a llorar por el hecho de asustarse de sus nietos. María llego hasta el baño y le pregunto si se encontraba bien. La respuesta de Estela fue.
-Sí, bajo ahora.
-Pero mami, los nenes me han dicho que saliste corriendo. ¿Segura estas bien?
-Sí, no fue nada grave es que esta mañana me comí algo y llevo todo el día con el estómago malo. Voy ahora.
-ok, te espero en la sala.
Estela se limpió las lágrimas y puso en orden sus pensamientos. Se paró frente al espejo y dijo
-Recuerda cómo te llama y quien eres. Eres Milagros Estela Manso Rivera viuda de Serrano. Que Dios te tenga en la gloria amado mío, cuanta falta me haces.- se persignó, respiró hondo y salió al encuentro. Antes pasó por la cocina y fue a buscar un frasquito lleno de dulces.  Era un frasco de cristal con una etiqueta que leía “Andrés y Antonio”. Estela extrajo dos dulces y llamo a los niños, estos fueron a la cocina y su abuela los recibió con un abrazo, una disculpa que ellos no entenderían hasta años más tarde y un premio; dulces.
-Gracias mamá.- dijeron al unísono y salieron a jugar como si nada hubiera pasado.
-Ay mami ya me estoy quedando sin bebes. Míralos que grande están. – María estaba parada en el marco de la puerta que daba al patio y veía a los niños jugar.- ¿Qué pasaría si papi estuviera vivo? ¿Jugaría con ellos?
-Esa pregunta me la hago todos los días y todos los días me la respondo. Todo sería distinto, pero ya no hay que lamentarse, pasó a mejor vida. Desde allá arriba nos protege. También sé que estaría orgulloso de ti y si estuviera vivo me lo imagino contándoles a los nenes las historias que les hacía a ustedes.  
    Como era costumbre, María y Estela, se sentaron en la sala a charlar y a tomar café. Hablando de cómo les había ido el día y conversando acerca de las noticias que siempre surgían. Siempre hablaban dos horas y uno que otro día se quedaban a cenar. Pronto María se tuvo que ir y así se despidió de su madre.
-Bendición mami. Nos vemos mañana. Cualquier cosa me llamas; Te amo.
Los niños por su parte se despidieron con un beso y un abrazo.

    Otra vez Estela se quedaba sola. Para esta la soledad no era mala, pero si lamentaba muchas cosas a la hora de estar sola. Entre cocinar, comer, ver la novela, ducharse y peinarse se le fue la tarde. Y entre esas actividades más notitas aparecían y otras más, se añadían. Llegó la hora de dormir y Estela acostumbraba ver televisión de noche, pero  ya  al as 11 de la noche sus ojos automáticamente se cerraban. Ese martes optó por apagar el televisor y hacer un esfuerzo por recordar su vida, le dio gracias a Dios y siguió recordando su juventud. Así pronto se quedó dormida sin sospechar que esa noche sería la última en la cual recordaría que se llamaba Estela y sus recuerdos ya no estarían con ella.

lunes, 12 de octubre de 2015

Ella...

-¿Qué? No, no puede ser cierto oficial.- fueron las palabras de Antonio al escuchar que la búsqueda de su prometida había culminado y que ya no la encontrarían con vida.

-Lo siento mucho caballero, pero ya buscamos en todos los lugares de la ciudad y no aparece. Las cámaras de seguridad no revelan nada que nos ayude en la pesquisa y usted ha cooperado lo suficiente. Ya lleva 3 meses desaparecida lo mejor es que ya no agote fuerzas. Si está viva, le aseguro que volverá con usted.

Antonio estalló en llantos en la acera frente a su casa y el oficial al verse en aquella situación decidió marcharse ya había cumplido con su misión.- Éxito en su vida señor.-

    Lorie había desaparecido 3 meses atrás en una noche lúgubre, muy oscura para ser verano al igual que fría. Aquella mañana del 8 de julio había amanecido lloviendo y así permanecería toda la mañana y semana. La mañana transcurrió como de costumbre en la casa de estos dos, pero al llegar la tarde los ánimos se caldearon y hubo una pequeña discusión que termino con la ida de Antonio. Este se fue a un bar que se encontraba a 3 cuadras y allí paso toda la noche hasta llegar a la madrugada que decidió ir a su casa. Llego a su casa y no encontró a Lorie no había rastro alguno de su prometida. De aquella pelirroja guapa, de lentes y pecas en surtidas por sus hombros. Antonio pensó que su prometida se había ido de fiesta, pero no fue así. Ella no llego en la mañana, mucho menos en la tarde y tampoco llegaría en las semanas subsiguientes. Aquella ausencia empezaba a carcomerse la casa y el espíritu de Antonio. Las semanas pasaron y este no lograba conciliar el sueño, tomaba pastillas que le evitaban dormir y si lograba dormirse se levantaba de pesadillas en las cuales decía que Lorie lo seguía y lo acusaba. Lorie y él habían tenido una relación bastante estable y aún no se casaban porque no se sentían en la edad de hacerlo, pero si querían hacerlo en una proximidad.

   Ya había transcurrido algunos meses de la desaparición de la chica y Antonio cada vez decaía más en una depresión. Este le decía a todos que veía a Lorie y nadie le hacía caso, su psicólogo lo recomendó a un psiquiatra y este le dio medicamentos que lo anestesiaban. Bajo los efectos de las pastillas tenía sueños extraños donde Lorie le gritaba que bajara el cuchillo y que lo recapacitara. Pero este se abalanzaba y ahí un sabor a sangre le corría por su boca. Al despertarse, el sabor de la sangre continuaba y al mirarse en el espejo se percataba de que se había mordido el labio y sangraba en cantidad, esto ocurría muy a menudo. Ya Antonio había dejado de ser el hombre que fue en algún tiempo, ahora era una especie de humano maltrecho con ojos divagantes, sin uñas por comérselas de la ansiedad, unas ojeras terribles y su cabello maltrecho, ya no se bañaba y su casa olía a encierro y muerte.

   Antonio dejo de tomar las pastillas y aun así veía a su novia muerta que lo llamaba y señalaba. Él no lo entendía, pero ella seguía con la insistencia. Su hermana fue a la casa e intento ayudarlo, ya Antonio se iba recuperando de la depresión, pero el fantasma de su prometida lo asechaba. Una noche en su sueño todo se revelo.

    Aquel 8 de julio, luego de la discusión, Antonio se fue al bar donde pasaría un buen rato. Aproximadamente a la medianoche recibió una llamada de Lorie que lo llevo hasta el hogar. Esta había preparado una noche romántica, pero al ver que su prometido no llegaba decidió que llamarlo era la situación. Al llegar Antonio se sorprendió y le recrimino que aquello no era para el sino para un amante.

-Que absurdo eres. ¡Ves! Intento estar bien contigo, pero tú no te dejas. Ya esto acabo, me rindo Antonio. ¡Me voy!- Lorie subió las escaleras para buscar su ropa y marcharse, pero él le agarro el brazo y lo apretó con fuerzas.- Suéltame me haces daño idiota, como vuelvas a ponerme un dedo encima será la última vez que sepas de mí.-

-No amor, no te vayas, sabes que te amo y que eres lo único que tengo. Por favor no te marches.- Antonio le lloraba desconsoladamente, pero esta ya sabía cómo era él.

-No me marcho, pero sabes que eso es para ti.- Señalando una botella de vino que estaba en la sala junto a algunas velas encendidas.- Ponte cómodo, me arreglare el maquillaje y bajare enseguida.- le dio un beso en la mejilla a Antonio y este la soltó.

Sonriéndole le dijo.- Amor te espero aquí. Se secó las lágrimas y la dejo ir.

    Lorie subió e inmediatamente al llegar al cuarto le puso el cerrojo e hizo la maleta, esa misma noche se marchaba. Ya no aguantaba más, Antonio siempre la hacía sentir culpable de todo y le recriminaba la depresión que llevaba. Hizo la maleta lo más rápido que pudo, solo llevaba lo indispensable. Se quedaría algunos días con su mejor amiga, luego iría a la policía y pondría una orden de restricción y buscaría lo que le quedaba. Así salió del cuarto y se llevó la gran sorpresa de que Antonio la esperaba frente a la puerta del dormitorio. A esta no le dio mucho tiempo de razonar lo que pasaba y al abrir la boca instantáneamente sintió que un pañuelo le cubría la boca, sintió un fuerte dolor de cabeza y no recordó más. Antonio la había amarrado y la llevo al sótano, allí la desato y volvió a atarla, pero esta vez las manos y pies por separado, luego pasó una soga por una columna y la elevo. Lorie se despertó por un dolor intenso y desgarrador que provenía de los dedos de los pies. Al despertar sintió que su cuerpo estaba inmóvil y que levitaba. De un momento a otro ya no sintió dolor, aun levitaba se sentía en el aire pero nada le causaba dolor.

    Ahora se encontraba en un extremo de la habitación, algo confusa, al despejar la mente pudo verse. Allí yacía su cuerpo amarrado y elevado en una columna. Se llevó las manos a la boca, pero no podía hacer nada, miro alrededor del sótano y sobre una mesa de herramientas vio el cuchillo ensangrentado que le quito la vida. Unas arcadas se asomaron, pero fue solo un pensamiento, ya estaba muerta y levitaba en el aire. Sintió los pasos de Antonio, que bajaban por las escaleras del sótano. Ahora iba vestido con unas bolsas plásticas y traía una serie de herramientas que usualmente usaba. Se acercó al cuerpo sin vida de Lorie, mientras el alma de esta lo observaba con odio. Le acaricio el cabello y le susurró al oído

-Ya todo está bien, cariño. Ahora no te iras de mí, pero tengo un tantísimo problema. ¿Sabes cuál es?- le pregunto al cadáver.- Ja como vas a saber, si estas muerta.- En ese instante se entristeció y lloro, pero al instante se recuperó.- Nadie puede verte, tendré que ocultarte muy bien.- y así comenzó todo.

    Para que nadie sospechara y para asegurarse de que ella estuviera muerta, le dio algunas puñaladas más. Se quitó las bolsas que cubrían su cuerpo y se marchó al bar, donde estaría hasta tarde. Quiso empaparse de alcohol para que el crimen le fuera mas leve. Aproximadamente a las 3 de la mañana llego a su casa y bajo al sótano. Allí el cuerpo de Lorie yacía de un color azul, ya su cuerpo había perdido toda la sangre y el oxígeno. Ahora procedía desmembrar el cuerpo, Antonio se colocó las bolsas nuevamente y procedió con el trabajo. Busco una sierra y le corto los miembros, luego la cabeza y por último el torso, mientras iba cortando los iban echando en un bote lleno de hormigas, para que se comieran la carne y luego de eso pasaba los huesos por una ponchera de ácido para que al final de todo quedaran blancos. Ya cuando los huesos no tenían nada de carne, los echo en una trituradora que tenía y estos quedaron pulverizados. Lorie veía como mutilaban su cuerpo y juro venganza.

    Antonio se despertó empapado en sangre y el espectro frente a él. Un dolor terrible lo azoto y desde la puerta vio como Lorie lo llamaba. Antonio no aguanto más y escribió una carta donde confesaba el crimen. Bajo a su oficina y allí encontró su pistola, la cual al instante saboreo el sabor a sangre.

lunes, 5 de octubre de 2015

Cuando los monstruo no salen del armario.

    ***Nota del autor: Para muchas personas está entrada puede ser un poco delicada. Pido discreción. Gracias por su apoyo.***

   El atardecer se convertía en noche y aquel prado lleno de trigo se transformaba en una planicie dorada. Fabiana caminaba por un sendero con sus botitas de hule color rojo y dejaba a su paso una pequeña estela luminosa. El viento soplaba y movía su cabello semejante al color del trigo. Llevaba unas florecitas en su cabeza y hacían una corona como si fuera la princesa de aquel campo; y lo era. El sol del atardecer y la luna que pronto se asomaría le pertenecían, igual que aquel prado de trigo y las estrellas que esa noche vería. Fabiana se encontraba en el mundo que había creado para escapar del nuestro. Aquel mundo era creado por su imaginación extraordinaria y la madurez forzada. A sus 10 años era una niña muy inteligente, astuta y elocuente, aunque por dentro retenía un mundo inocente negado a crecer. Aquel mundo solo afloraba en sus sueños y era donde ella actuaba teniendo su edad. Fabiana solía encerrarse en ella cuando menos lo esperabas a veces en el autobús camino a su casa observaba por la ventana y se escapaba un rato. Bastaba un ínstate para que ella se transportara a una playa y volara un cometa, todo eso desaparecía al llegar a su destino y volver a retomar la realidad. Al entrar a su casa los fantasmas de las discusiones la acaparaban y las lagartijas de antaño la abarrotaban con sus preguntas. La familia de ella era pequeña comparada con los del vecindario. Tan solo eran 5 personas; su madre, el padre, sus hermanos gemelos y ella. En algún momento fueron 6, pero su hermana mayor se había suicidado por situaciones que habían sucedido y que Fabiana conocía, pero sabía que no le iban a creer jamás. Ahora se encontraba en su mundo, donde solo ella podía entrar. Muchas veces la acompañaba un peluche que le había pertenecido a su hermana, pero ese día no le acompaño.

    Ya el atardecer había menguado y el campo dorado había palidecido convirtiéndose en un prado oscuro. La oscuridad consumía todo y aunque Fabiana no tenía miedo, imagino una linterna de gas y esta apareció a sus pies. El cielo estrellado la cuidaba y los trigos la ocultaban,  esta sabía que llegaba la hora de aventurar.  Sus botas de hule se estrellaban contra el suelo y las luciérnagas emprendían un viaje elevándose así en una nube de luz. Desde las alturas era un espectáculo magnifico, miles de puntitos que se iban convirtiendo en una nube densa que podía confundirse con una ciudad una ciudad muy luminosa. Para Fabiana aquello era diversión y apenas comenzaba. Los grillos y otros insectos nocturnos comenzaron con su canción, mientras ella paseaba  y observaba todo. Entró en un bosque algo denso, pero de inmediato afloraron luces de los árboles y frente a ella se abrió un prado donde correteaban algunas ardillas y mapaches. Un búho de ojos amarillos la observaba desde un árbol. Allí  en aquella planicie verde, ahora iluminada por un tenderete de luminarias, ella corría con sus botitas y su traje blanco que hacían juego con una corona de flores adornaba su cabecita y combinaba con el color café de sus ojos. Frente a Fabiana un castillo de juguete se acrecentó e inmediatamente se asustó. Ya sabía lo que significaba. Como en todo mundo, existe la maldad y su mundo no estaba exento. Allí había un monstruo que la quería para él, era una bestia enorme, semejante a un hombre, pero con tres brazos, un rostro oculto que solo dejaba entrever unos dientes chuecos y amarillos por los cigarrillos que fumaba, tenía dos piernas y tenía una lengua semejante a la del colibrí, la cual usaba para amenazar a Fabiana. Aquel monstruo quería hacer feliz a Fabiana y no dejarla ir. El castillo que estaba frente a esta fue regalo del monstruo y ella lo disfrutaba en nuestro mundo, pero en aquel mundo no se atrevía entrar porqué sabía que podía ser una trampa. La estructura era muy tentadora, pero la Fabiana de nuestro mundo se lo impidió y la hizo ir a un lugar que le iba a gustar. Salió de aquel prado y se introdujo al bosque por un sendero color verde fluorescente y luego de 2 minutos llegó a un riachuelo de un magnifico azul claro con una cascada refrescante. En aquel riachuelo las mariposas aleteaban, las libélulas se alimentaban de las plantas acuáticas y unas pequeñas ranas saltaban por doquier. Los nenúfares colmaban las orillas y resplandecían al tocarlos, los peces eran muy llamativos e irradiaban luz, Fabiana deseaba que aquello siempre fuera así, pero ella sabía que al crecer aquel mundo se iría actualizando y quién sabe si algún día ella estaría allí en alguna de esas rocas, sentada, pintando aquel riachuelo o simplemente aquello desaparecería. De un momento a otro los peces dejaron de esparcir el resplandor y el riachuelo quedo a oscuras. La señal era para que Fabiana se fuera, el monstruo venía a por ella. La niña sabia donde ocultarse y salió a la huida. Pasó por lugares que ella estaba consiente que eran buenos escondites, pero sus pies la volvían a traicionar y la arrastraban a la fuerza. La arrastraban a una estructura de dos plantas que ella conocía muy bien, era color violeta y blanco; su casa. Los pies la enviaban a donde vivía el monstruo, entró a la casa por la fuerza y corrió a su cuarto donde se supondría que está vez estuviera a salvo. Cerró las ventanas con seguro, tranco el armario de donde comúnmente salen los monstruos, ilumino con una lámpara la parte inferior de su cama teniendo en consideración que los monstruos le temen a la luz, le puso el seguro a la puerta y fue a ocultarse bajo las sabanas. Era otra noche en la cual el monstro la atraparía, por lo menos esto ocurría 2 veces al mes y nadie sospechaba nunca. Fabiana sabía que el suicido de su hermana se debía también al mismo monstruo que la asechaba. Bajo las sabanas de princesa se ocultaba Fabiana y pronto escucho como el cerrojo se desplomo del seguro. Maldita sea otra vez el monstruo la había atrapado. Sería otra noche dura, como las otras, donde luego que el monstruo hacía de las de él, dejaría en las sabanas a una niñita llena de lágrimas por el daño inmenso que le hacía. Con aquella lengua de colibrí la atrapaba y la introducía por los recovecos de su cuerpito buscando el sabor dulce de la flor. Un monstro que hacía de las de él y luego se retiraba para así seguir su vida normal. Lo más triste y lamentable era que Fabiana tenía que soportarlo todos los días, porque además de entrometerse en sus sueños, era parte de su vida. Aquel monstruo era su padre.